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miércoles, 21 de diciembre de 2016

Causa CNU : Prisión perpetua para Demarchi, Durquet y Otero

Lo resolvió el Tribunal Oral Federal N° 1 en el marco de la causa CNU. Además, condenó a 7 años de prisión a José Luis Granel, a 5 a Juan Pedro Asaro, a 3 años en suspenso a Juan Carlos Asaro y a 3 años en suspenso a Roberto Justel. Fueron absueltos Raúl Viglizzo y Raúl Moleón.

En un juicio histórico para reconstruir lo ocurrido en Mar del Plata durante los años previos al golpe de Estado de 1976, el Tribunal Oral Federal N°1 condenó este martes  a la pena de prisión perpetua al ex fiscal federal Gustavo Demarchi al considerarlo culpable de seis asesinatos y asociación ilícita en el marco de la causa donde se investigaron los crímenes de la Concertación Nacional Universitaria (CNU).

La misma pena recibieron el militar retirado Fernando Alberto Otero y el ex docente del Servicio Penitenciario Bonaerense, Mario Ernesto Durquet. En tanto, José Luis Granel fue condenado a siete años de prisión por ser coautor del delito de asociación ilícita. De acuerdo al veredicto, continuará en libertad hasta tanto la sentencia quede firme, aunque se dispuso la prohibición de la salida del país.

Por su parte, Juan Pedro Asaro recibió una pena a cinco años por el delito de asociación ilícita y absuelto respecto al homicidio de María del Carmen Maggi. La condena, advirtió el Tribunal, ya fue cumplida por los años que lleva de prisión preventiva por lo que se ordenó su inmediata libertad.

Por otro lado, Juan Carlos Asaro y Roberto Justel fueron condenados por el delito de asociación ilícita a la pena de tres años de prisión en suspenso y no quedarán detenidos. Raúl Viglizzo y Raúl Rogelio Moleón fueron absueltos. Respecto de los imputados fallecidos, Roberto Coronel y Marcelo Arenaza, se determinó extinguida la acción penal.

El veredicto fue leído este martes a la tarde en el Tribunal Oral Federal N°1 ante una sala colmada por familiares de los acusados y de las víctimas y organismos de Derechos Humanos. Los magistrados Alfredo Ruiz Paz, Víctor Bianco y Luis Imas sólo dieron a conocer los montos de las penas y las absoluciones y anunciaron que el 20 de marzo se sabrán los fundamentos.

En el primer tramo de la lectura del veredicto, los jueces declararon que los hechos juzgados constituyeron delitos de lesa humanidad. De esa manera descartaron el pedido de las defensas que habían requerido la prescripción de los delitos cometidos el año previo a la instauración de la última dictadura.

Demarchi, Otero y Durquet fueron condenados a la pena de prisión perpetua, por ser coautores de los homicidios de Enrique Elizagaray, Guillermo Enrique Videla, Jorge Enrique Videla, Jorge Lisandro Videla y Bernardo Goldemberg –cometidos en la denominada noche del 5×1-, la privación ilegítima de la libertad agravada por mediar violencia y el homicidio calificado de Maggi, y en el caso de los dos últimos imputados también los homicidios de Jorge Stoppani y Daniel Gasparri. A su vez, Demarchi y Durquet fueron condenados también por el delito de asociación ilícita.


Alfredo Ruiz Paz, Víctor Bianco y Luis Imas, los jueces.

Alfredo Ruiz Paz, Víctor Bianco y Luis Imas, los jueces.



Juicio histórico

En el juicio declararon alrededor de 125 testigos. Durante las audiencias se apuntó a Demarchi -en 1974 se convirtió en el primer fiscal federal que tuvo Mar del Plata- como el líder de la organización CNU.

Al ex funcionario judicial, procesado desde el 9 de octubre de 2012, se lo acusó de haber sido el organizador o jefe de la asociación ilícita y de instigar seis homicidios calificados y un secuestro, cometidos entre el año 75 y el 76.
Según la investigación, Demarchi tenía una rol fundamental dentro de la CNU: contrataba la mano de obra para cometer los crímenes y luego pedía el sobreseimiento o archivo de las causas que involucraban a algún integrante de la organización ultraderechista.

Los crímenes fueron parte de una venganza llamada “5 X 1” por el asesinato del abogado Ernesto Piantoni, quien se dirigía a su casa cuando al llegar a Formosa, entre Olavarría y Güemes, fue interceptado por un Peugeot 504 verde claro, desde el que le dispararon una ráfaga de ametralladora antes de huir.

Las heridas le provocaron la muerte horas más tarde, en una cama de la Clínica Modelo. Era 20 de marzo del ‘75 y con el asesinato del letrado comenzaba una sucesión de secuestros y crímenes a sangre a fría que se planearon durante su velatorio. Este martes, tras 41 años, las víctimas de la banda de ultraderecha tuvieron justicia.


1) Gustavo Modesto Demarchi
Condena: prisión perpetua
Delitos: homicidios calificados de los que fueron víctimas Jorque Videla, Guillermo Videla, Jorge Lisandro Videla, Bernardo Goldemberg, Enrique “Pacho” Elizagara, María del Carmen Maggi, Jorge Stoppani y Daniel Gasparri. También fue encontrado culpable de asociación ilícita.

2) Mario Durquet
Condena: prisión perpetua
Delitos: homicidios calificados de los que fueron víctimas Jorque Videla, Guillermo Videla, Jorge Lisandro Videla, Bernardo Goldemberg, Enrique “Pacho” Elizagara, María del Carmen Maggi, Jorge Stoppani y Daniel Gasparri. También fue encontrado culpable de asociación ilícita.

3) Fernando Otero
Condena: prisión perpetua
Delitos: homicidios calificados de los que fueron víctimas Jorque Videla, Guillermo Videla, Jorge Lisandro Videla, Bernardo Goldemberg, Enrique “Pacho” Elizagara, María del Carmen Maggi, Jorge Stoppani y Daniel Gasparri. También fue encontrado culpable de asociación ilícita.

4) José Luis Granel
Condena: 7 años
Delito: asoción ilícita.
Dato: continuará en libertad hasta que la condena quede firme. Los jueces consideraron que se ajustó a derecho
mientras estuvo libre durante el juicio.

5) Juan Pedro Asaro
Condena: 5 años
Delito: asoción ilícita.
Dato: Los jueces ordenaron su inmediata libertad ya que la condena la cumplió durante el periodo de prisión preventiva.

6) Juan Carlos Asaro
Condena: tres años de prisión en suspenso.
Delito: asoción ilícita.
Dato: continuará en libertad

7) Roberto Justel
Condena: tres años de prisión en suspenso.
Delito: asociación ilícita.
Dato: continúa en libertad

8) Raúl Viglizzo
Veredicto: absuelto.
Dato: llegó al juicio acusado de los delitos de homicidio y asociación ilícita.

9) Raúl Moleón
Veredicto: absuelto.
Dato: llegó al juicio acusado de los delitos de homicidio y asociación ilícita.

jueves, 12 de noviembre de 2015

Causa Base Naval: tres sobrevivientes volvieron 39 años después

“Me cuesta creer que, en Auschwitz, permitieran que se construyera un Disneylandia”, pensó en voz alta.

Pablo Mancini, Osvaldo Durán y Edgardo Gabbín compartieron cautiverio durante la última dictadura. Hoy, participaron de una inspección ocular en la Base Naval y la Escuela de Suboficiales de Infantería de Marina, en el marco del juicio que tiene a 14 militares acusados por crímenes cometidos contra 123 personas en centros clandestinos de detención de la Armada.

Fotos: Diego FeuerFotos: Diego FeuerFotos: Diego Feuer
Enviar por mailPor: Federico Desántolo

ANTECEDENTES
Base Naval: el juicio que muestra la articulación entre Ejército y...
Mar del Plata: procesaron a los acusados por los crímenes de la Base...
Pablo Mancini y Osvaldo Durán se adelantan a la comitiva. Se dan ánimo y reconocen el lugar, los olores y los sonidos. Edgardo Gabbín camina más lento. Se toma unos segundos, se separa del grupo. Al rato, deja de lado la emoción y avanza. Los tres compartieron lugar de cautiverio en la Base Naval de Mar del Plata durante la última dictadura cívico–militar y hoy, 39 años después, regresaron al sitio donde conocieron el terror.
Desde la entrada principal, no se puede ver la dependencia de Buzos Tácticos. Para llegar al lugar donde fueron alojados cientos de detenidos hay que recorrer unos 500 metros, por un camino serpenteante. Los tres detenidos coincidieron en el primer detalle: el árbol que se veía desde la celda. Mancini lo recuerda bien porque durante los 20 días que pasó en la Base Naval, en una oportunidad, fue sacado sin capucha al exterior e identificó dónde estaba.

Los sobrevivientes hicieron un gran ejercicio de memoria sensorial porque finalizada la dictadura y con el comienzo del Juicio a la Juntas, la mayoría de las dependencias militares que funcionaron como centros clandestinos de detención fueron modificadas a contrarreloj, para despistar a quienes pudieran dar testimonio.
A partir de 1973, Gabbín comenzó a militar en el peronismo de base. El intervalo en su militancia se dio a partir de 1974 cuando le tocó hacer la colimba en la ESIM pero, al poco tiempo, desertó.  Con un documento falso, el “Gordo” siguió con su vida hasta el 11 de enero de 1977. Ese día fue descubierto por dos oficiales de la Armada y fue llevado a la Base Naval. Desde entonces, y durante poco más de un año, fue torturado; intentó fugarse y hasta pensó en suicidarse.
La parte trasera del edificio de Buzos Tácticos mira hacia la pequeña playa donde el personal militar realiza los entrenamientos en el agua. Gabbín necesitó volver a escuchar el ruido del oleaje para  confirmar que había estado allí. “Este ruido del mar y chicos jugando era lo que escuchaba cuando me tenían encerrado”, aseguró.
No fue un sueño
El 17 de junio, Gabbín declaró en el juicio a los 14 militares responsables de los crímenes cometidos en las dependencias de la Armada, en Mar del Plata. Frente a los jueces Néstor Parra, Mario Portela, Alejandro Esmoris y Jorge Aníbal  Micheli, contó un episodio confuso que, hasta ese momento, nunca había mencionado. En su memoria había una imagen de hombres que caminaban bajo el agua, cargando peso en un espacio de color celeste. Gabbín dudaba: creía que podía ser un recuerdo o un sueño. La certeza de su existencia llegó hoy, cuando descubrió que el espacio celeste era –y es– una de las cámaras de agua que utilizan los buzos en el entrenamiento de inmersión y que está camino a la enfermería, lugar donde a los detenidos les daban una pastilla para dormirlos. 

El último tramo del cautiverio en la Base Naval, Gabbín lo pasó en un calabozo muy pequeño, ubicado en el edificio de “servicios generales”. Contra todos los pronósticos, esos calabozos están casi intactos. Ahora almacenan gaseosas y cajones de cerveza. “Yo estuve en el del medio hasta que me trasladaron a Buenos Aires”, recordó el testigo.
ESIM: el terror en el Faro
Pablo Mancini fue secuestrado la madrugada del 9 de septiembre de 1976. El grupo de tareas ya había secuestrado a su primera víctima esa noche; Mancini era la segunda. En dos Ford Falcon, ambos fueron llevados a la Base Naval. Durante 20 días, fue sometido a un feroz interrogatorio en el que le preguntaron por sus compañeros de militancia en la Juventud Universitaria Peronista (JUP).
El mismo camino que hizo este miércoles, desde la Base Naval hasta la Escuela de Suboficiales de Infantería de Marina –ubicada en el Faro al sur de la ciudad– Mancini lo hizo 39 años atrás, en un camión de la Armada junto a otros detenidos.
El lugar donde funcionó el centro clandestino de detención de El Faro ya no pertenece a fuerza. Por decisión del gobierno nacional, fue cedido para la creación de un Espacio de la Memoria.  Mancini visitó varias veces la ex ESIM y ya exorcizó los viejos fantasmas. Dentro del lugar donde permaneció dos meses cautivo, describió con detalle cómo trascurrían aquellos días. “Nos tenían sentados. Éramos diez detenidos en filas de cinco, espalda con espalda. Teníamos manos y pies atados, algodones en los ojos y orejas, más la capucha. Y se escuchaba música las 24 horas del día. Unos siete discos que se repetían a todo volumen”.

Mancini se animó a adivinar dónde estaba ubicado el tocadiscos que reproducía a Gardel, a Daniel Toro y a Los del Suquía. Los primeros días estuvieron sentados sin poder moverse. “Tiempo después,  nos pusieron cinco colchones y nos turnábamos para dormir”, recordó.
Desde el regreso de la democracia, el predio de la ESIM sufrió varias modificaciones. Una parte, la que da a la playa, fue cedida en los ’90 a una empresa privada que construyó el Aquarium, un parque marino que sepultó parte de la estructura del terror estatal. Mancini formó parte del grupo que se opuso a que los negocios del Aquarium se siguieran extendiendo sobre el predio del Faro. Hace más de 15 años, lograron que el Concejo Deliberante no aprobara el nuevo emprendimiento: un parque de diversiones con vista al mar.
“Me cuesta creer que, en Auschwitz, permitieran que se construyera un Disneylandia”, pensó en voz alta.
FD/LL

jueves, 21 de mayo de 2015

Nuevo juicio por crímenes de lesa humanidad

Quince militares acusados en Mardel

Cerca de una quincena de militares que actuaron en diferentes centros clandestinos de detención de Mar del Plata comenzaron a ser juzgados ayer por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico-militar contra 124 personas. Se trata del tercer debate oral que evaluará hechos comprendidos en lo que se conoce como la megacausa Base Naval de la ciudad balnearia.

Los imputados –once de ellos cumplen condenas por violaciones a los derechos humanos– deberán responder por haber mantenido secuestrados, haber torturado y, en algunos casos, haber asesinado a más de un centenar de hombres y mujeres en centros clandestinos que funcionaron en la Base Naval de Mar del Plata, en la Escuela de Suboficiales de Infantería de Marina y en el cuartel de Prefectura.

En una sala colmada, representantes de diversas organizaciones de derechos humanos, sobrevivientes, familiares de víctimas y de imputados, así como los acusados y los jueces que integran el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata, Mario Portela, Néstor Parra y Alejandro Esmoris, oyeron la elevación a juicio que imputa por “privación ilegítima de la libertad agravada, imposición de tormentos agravados por haber sido cometidos en perjuicio de perseguidos políticos, homicidio calificado y asociación ilícita” a catorce ex militares que actuaron en centros clandestinos de detención que controló la Fuerza de Tareas 6, entre ellos la Base Naval de Mar del Plata, la ESIM y la Prefectura, en la jurisdicción de la Subzona Militar 15, que dependía de la agrupación de artillería antiaérea del Ejército AADA 601.

El banco de los acusados lo integran Juan José Lombardo –quien saludó a las cámaras de los fotógrafos sacando la lengua–, Justo Ortiz, Roberto y Luis Pertusio –los cuatro cargan con dos sentencias previas a prisión perpetua–, Alfredo Arrillaga, Raúl Marino, Mario Forbice, Rafael Guiñazú, Juan Mosqueda, José Lodigiani, Ariel Silva y Julio César Fulgencio Falcke –todos con una condena–. Los acompañan José Bujedo, Daniel Robelo, Francisco Rioja y Aldo Máspero, quien no pudo ser juzgado en la denominada causa Base Naval 2 por haber sufrido un accidente cerebrovascular a fines de 2011. Roberto Pertusio y Rioja permanecen en Buenos Aires, así que participarán del debate vía teleconferencia. Ortiz estuvo conectado desde San Luis. Narciso Racedo, imputado también en esta causa, falleció el pasado 26 de abril.

Las imputaciones de la fiscalía, representada en el juicio por Pablo Larriera, María Eugenia Montero y Walter Romero, continuarán hoy y durante las próximas audiencias. Recién la segunda semana de junio comenzarán los testimonios. Fuentes judiciales calculan que el debate se extenderá hasta fin de año.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Tres represoreds fueron condenados a prisión perpetua por los delitos cometidos en Monte Peloni

“Un aparato organizado de poder que tragó vidas”

En Olavarría, el Tribunal Oral Federal Nº 1 de Mar del Plata dictó penas de prisión perpetua para Ignacio Aníbal Verdura, Walter Grosse y Omar Ferreyra por homicidios, secuestros y torturas. Horacio Leites fue condenado a ocho años de cárcel.

 Por Silvana Melo y Claudia Rafael - Desde Olavarría

Treinta y siete años después, la misma ciudad que en agosto se vio sacudida ante la aparición de Ignacio Guido Montoya Carlotto, y que aún espera la investigación sobre la responsabilidad de Loma Negra en el asesinato del abogado laboralista Carlos Alberto Moreno, vislumbró una luz de justicia. El Tribunal Oral Federal Nº 1 de Mar del Plata dictó penas de prisión perpetua en tres casos y de ocho años de cárcel en otro a los represores que –desde diferentes roles– manejaron los hilos del poder en la Olavarría durante la dictadura.

La sala estaba atestada. Un par de ventiladores y decenas de abanicos aliviaban escasamente el calor agobiante en el SUM de la Universidad del Centro, mientras los cuatro acusados esperaban la sentencia por su participación en los secuestros, torturas y homicidios cometidos en el circuito represivo de la zona. Olavarría hervía en su cemento fundante con más de 33 grados al mediodía. Ignacio Aníbal Verdura, Walter “el Vikingo” Grosse, Omar “Pájaro” Ferreyra y Horacio Leites escucharon la determinación de su destino inmediato sin inmutarse. Verdura, con más de 80 años y una salud extremadamente frágil que se hacía visible en su andar inseguro, sabía que cualquier condena para él sería perpetua. Literalmente lo fue. De ese hombre omnipotente, de ese criminal convencido de los servicios ofrendados a la patria, sólo quedaba la mirada. La mirada terrible. El resto es un muestrario de los estragos del tiempo.

Para los sobrevivientes, las casi cuatro décadas en espera de justicia, en un andén donde durante años sólo se detuvo la soledad, también gastaron las piernas, marcaron la piel y ensombrecieron el alma. Algunos no llegaron a ver esa justicia consumada. Pero ayer, cuando los nubarrones de una inminente tormenta de verano hacían un poco más soportable la intemperie, la recuperación de la alegría como militancia fue la sensación mayoritaria. Acaso sintetizada en las palabras de Rosana Cassataro, familiar de cuatro desaparecidos: “Nosotros nunca buscamos venganza. La única venganza es la alegría, la que no nos pudieron arrebatar”.

Apenas pasados unos minutos de las 11, se abrió la audiencia con sólo un testimonio pendiente: las últimas palabras que Omar Antonio Ferreyra aceptó pronunciar. Afectado por un cáncer, dijo que no pediría clemencia porque “clemencia piden los culpables”. Responsabilizó a las superioridades, juró su inocencia y pidió ser devuelto de inmediato “al hospital por mi estado crítico”. Luego del cuarto intermedio de dos horas, Ferreyra volvió: el tribunal había rechazado el pedido.


La voz del juez Roberto Falcone repasaba cada tramo de la sentencia mientras la mirada de Verdura apuntaba hacia el gris de los baldosones de la sala. Walter Grosse y Omar Ferreyra quedaron unidos en el destino de las penas: “Prisión perpetua e inhabilitación absoluta y perpetua, suspendiéndose el goce de toda jubilación, pensión o retiro” como autores de “homicidios agravados por alevosía y por el concurso premeditado de dos o más personas de los que resultaron víctimas Jorge Oscar Fernández y Alfredo Serafín Maccarini”, más la privación ilegítima de la libertad agravada en 20 hechos y tormentos en otros 15. Apenas un par de músculos de sus rostros se movieron mínimamente ante un destino esperado.

En el campus, una pantalla gigante transmitía la audiencia para quienes se habían quedado afuera. El clima agobiante era compartido. Los aplausos y algunos abucheos inmediatamente abortados por el juez Falcone se replicaban afuera, donde no había sala para desalojar.

Sin embargo, el residente más estable en los dos ámbitos fue el profundo dolor que sobrevive a los tiempos, que quiebra a los Fernández (Osvaldo, sobreviviente; y Jorge Oscar, asesinado), que sube la presión y la diabetes de Araceli Gutiérrez (víctima y actual casera de Monte Peloni), que atraviesa la vida de Juan Pablo Villeres y su abuela Purita, ambos todavía esperando una noticia de Graciela Follini y Rubén Villeres, devorados por las fauces del Estado terrorista. El mismo que ayer, como definió Carmelo Vinci (víctima y parte de la Comisión por la Memoria), “fue condenado a perpetua”.

A la derecha de la sala, los familiares de los represores se replegaban en su soledad de minoría. Los hijos de Verdura escucharon el veredicto entre lágrimas. El hijo de Walter Grosse eligió la mirada desafiante. Todos salieron en silencio cuando la lectura de las condenas cerró el juicio hasta el 25 de febrero en la sede marplatense del Tribunal, cuando se leerán los fundamentos de la sentencia.

La suerte de Leites fue más benigna: apenas ocho años de cárcel por privación ilegítima de la libertad y tormentos. Su participación podría tener mayores elementos probatorios en el juicio Monte Peloni II, aún en etapa de instrucción penal.

Tras una lectura que se extendió por 26 minutos exactos, el último punto fue la revocatoria del arresto domiciliario de Verdura por los “peligros procesales” y “las amenazas durante el juicio”.

Cada uno de los imputados –advirtió Falcone previo al inicio de la lectura del fallo– hizo aportes a “un sujeto colectivo, que es el aparato organizado de poder, que se tragó vidas, secuestró y torturó. Los delitos cometidos no son delitos de mano propia. No tortura solamente el que ejerce violencia sobre la víctima sino, también, el que lo permite o el que no lo interrumpe, teniendo el deber de hacerlo”.

Para Juan Pablo Villeres, hijo de padres desaparecidos, las sensaciones fueron “contradictorias; uno se resiste a pensar que están muertos”. La sentencia “no calma el dolor”, pero “marca la permanencia de la esperanza”. Araceli Gutiérrez sintió el peso de la muerte definitiva de su hermana Pichuca: “Se condenó por su muerte; ya no están desaparecidos, están muertos; no están porque los mataron”.

A Pura Puente de Villeres, con sus 90 años, “la sentencia me cambia la vida, que haya justicia me cambia la vida, con todo lo que yo he recorrido”, dice con su pañuelo blanco, sus magros 37 kilos y su esperanza de más vida.

A un costado, el fiscal federal Daniel Adler decía que “lo importante es que este juicio repara a toda la comunidad. Una prisión perpetua que se dicta, responde a la necesidad de mucha gente, no sólo de quienes fueron víctimas aquí. Este juicio tuvo un alto valor simbólico”.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Procesan a un ex policía por matar a una joven

Silvia Filler estudiaba arquitectura en Mar del Plata cuando fue asesinada

Héctor Corres integraba la CNU, una organización parapolicial que respondía a la dictadura de Lanusse. El hecho aconteció en 1971.

Silvia Filler - Murió durante una asamblea.

El ex policía y miembro de la Concentración Nacional Universitaria (CNU), Héctor Oscar Corres, fue procesado por la justicia federal de Mar del Plata por el asesinato –en 1971– de la estudiante de arquitectura, Silvia Filler.
Corres quedó procesado por considerarlo integrante de una asociación ilícita que conformó la CNU, organización parapolicial de ultraderecha que llevó adelante una campaña de persecución y eliminación de quienes consideró sus enemigos, durante la dictadura autodenominada Revolución Argentina.

El juez Santiago Inchausti, titular del Juzgado Federal 3, dictó el procesamiento sin prisión preventiva al considerar que el imputado demostró "sujeción al proceso" por haberse presentado siempre que fue citado por la justicia e informando sus salidas del país. Sí trabó un embargo de 100 mil pesos "con el fin de garantizar las responsabilidades patrimoniales emergentes del delito y las costas del proceso", y se le prohibió salir del país.

Corres es un ex oficial administrativo de la Bonaerense y, como otros miembros de la CNU, había egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica de Mar del Plata.
Su caso se enmarca en la causa por los delitos cometidos por la CNU . En ese expediente ya fueron elevados a juicio oral once acusados, encabezado por el ex fiscal Gustavo Demarchi, por ocho asesinatos y el debate comenzará el año próximo.

Corres está acusado por el primer asesinato de la CNU, ocurrido el 6 de diciembre de 1971, durante el regimen de Agustín Lanusse. La organización realizó un violento ataque contra una asamblea estudiantil que se realizaba en la Facultad de Arquitectura de la UCA Mar del Plata, en el que Filler fue asesinada de un disparo en la cabeza.

Junto a otros miembros de la organización parapolicial, el acusado fue condenado por el hecho, señalado como autor del disparo que dio muerte a la joven estudiante. Sin embargo quedaron en libertad por la amnistía decretada por el presidente Héctor Cámpora en mayo de 1973. 

jueves, 15 de agosto de 2013

Detuvieron a un represor que actuó en la Base Naval de Mar del Plata

Detuvieron ayer al capitán de navío (R) Teodoro Rosauro Sabbino, quien fue director de la Escuela Antisubmarina de la Base Naval Mar del Plata durante la última dictadura cívico-militar. Fue en el marco de la causa en la que se investigan delitos de lesa humanidad cometidos en los centros clandestinos de detención que funcionaron en esa dependencia de la Armada.

La detención fue dispuesta por el juez Santiago Inchausti, titular del Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional N° 3 de Mar del Plata. Y el presunto represor fue encontrado en su domicilio particular, de donde la justicia secuestró, además, fotografías, recortes periodísticos de los años de plomo 1976 a 1983 y una credencial a nombre de Sabbino, emitida por el gobierno de Estados Unidos.

Sabbino, que fue trasladado a la Unidad Operacional de Seguridad Preventiva Mar del Plata, es uno de los 19 marinos que están imputados en causas de lesa humanidad –también están implicados dos ex policías–, por crímenes cometidos en el ámbito de los centros clandestinos de detención que funcionaron en la Base Naval marplatense y en otros establecimientos que la Armada tiene en esa ciudad balnearia.

"El accionar de la fuerza se ha probado no sólo por las disposiciones normativas vigentes a la época sino por su efectivo funcionamiento como dan cuenta numerosas evidencias incorporadas a la investigación",  sostuvo el fiscal Pablo Larriera en los pedidos de detención que presentó, tiempo atrás, ante Inchausti. En la causa está imputada, además, la ex jueza federal Ana María Teodori, sospechada de haber tomado declaración indagatoria a dos desaparecidos en la Escuela de Suboficiales de Infantería de Marina en el marco de la ley "antiterrorista" de la dictadura. «  Por:  Tiempo Argentino

lunes, 15 de julio de 2013

Procesan a la ex jueza Teodori y a un grupo de ex militares por los crímenes en la Base Naval 3

La Mar del Plata que no era feliz

La Justicia consideró a la ex jueza cómplice de los crímenes cometidos en los centros clandestinos que funcionaron en el área de la Armada en Mar del Plata. Permitió que seis personas permanecieran en centros clandestinos.

Es la tercera vez que la Justicia analiza los crímenes cometidos por la Fuerza de Tareas Nº 6.

Por Ailín Bullentini

El juez federal de Mar del Plata, Santiago Inchausti, procesó a la ex jueza marplatense Ana María Teodori y a un grupo de ex militares, algunos con prisión preventiva, por delitos de lesa humanidad cometidos en los centros clandestinos de detención que funcionaron en el área de mando de la Armada en Mar del Plata durante la última dictadura cívico-militar, y que fueron analizados en la causa denominada Base Naval 3, que investiga privaciones ilegales de la libertad, tormentos y homicidios calificados, en perjuicio de 124 víctimas.

Es la tercera vez que la Justicia analiza los crímenes cometidos por la Fuerza de Tareas Nº 6, con acción en Mar del Plata y cuyo territorio de operaciones fue la Base Naval de esa ciudad con sus tres principales centros clandestinos de detención: la sede de la agrupación de buzos tácticos, la Escuela de Suboficiales de Infantería de la Marina y los calabozos de la Prefectura. Los repasos, no obstante, sirven para sumar víctimas y victimarios. La gran mayoría de los procesados en esta etapa son personas cuya participación en el terrorismo de Estado, que se sucedió entre los ’70 y los primeros ’80 en la Argentina, salió a la luz en los informes del Ministerio de Defensa tras el análisis de archivos que las Fuerzas Armadas mantenían escondidos.

Del fallo de Inchausti que se difundió el viernes pasado, el nombre que más resuena es el de la ex jueza Ana María Teodori, a quien el magistrado consideró partícipe secundaria de los delitos de privación ilegal de la libertad, doblemente agravada por mediar violencia y amenazas, y de tormentos, agravados por haber sido cometidos en perjuicio de seis víctimas. La procesó sin prisión preventiva y le trabó un embargo. En su resolución, Inchausti detalla la participación de Teodori como defensora y también como jueza subrogante en una causa en la que se “sometió a un proceso penal” a un grupo de muchachos que habían sido previamente secuestrados y torturados, “una posición o rol mixto sobre las mismas circunstancias fácticas”.

Según el juez, Teodori habría permitido que seis personas “permanecieran en un centro clandestino de detención en condiciones inhumanas, pese a la obligación que le imponía su cargo, presentación judicial alguna, pese a los diversos pedidos realizados por las víctimas para expresar las condiciones de detención y los tratos recibidos”. En el fallo, y amparado en transcripciones de declaraciones de víctimas, el juez evaluó que Teodori “no sólo no habría realizado gestión alguna cuando todos ellos, al ampliar indagatoria en el expediente, expresaron los tormentos vividos, sino que habría asesorado a las víctimas para que no denunciaran los tormentos”.

En cambio, Inchausti dictó prisión preventiva y procesamiento para los militares retirados Guillermo Costa, César Marti Garro, Eduardo Frías, Carlos Sala, Roberto Blanco Azcárate, Alfonso Nicolás, Alfredo Weinstabl, Raúl Pagano, Luis Bonnani, Jorge Bardi, Ernesto Davis, Héctor Azcurra y Eduardo Vega por considerarlos jefes u organizadores en el delito de asociación ilícita, privación ilegítima de la libertad agravada por mediar violencia y amenazas, e imposición de tormentos.

martes, 21 de mayo de 2013

Detenido el represor prófugo en Mar del Plata

La captura de Wolk
 Por Irina Hauser

A un año de fugarse de su casa en Mar del Plata, donde gozaba del beneficio de la prisión domiciliaria, el represor Juan Miguel Wolk fue capturado otra vez por la Gendarmería y trasladado al penal de Marcos Paz. Lo hallaron en la casa de un hermano, en la misma ciudad balnearia. Wolk, un ex comisario de 79 años, fue jefe del centro clandestino de exterminio conocido como Pozo de Banfield entre 1976 y 1979, donde lo apodaban “el Alemán” o “el Nazi”. Su huida se produjo cuando la Suprema Corte bonaerense acababa de revocar el arresto en su casa para mandarlo a una cárcel común. En su momento desató el reclamo de organismos de derechos humanos de mecanismos más efectivos y permanentes, y la preocupación creció este año cuando otros dos represores fueron descubiertos violando la detención domiciliaria.

Wolk está procesado por apropiación de niños, privación ilegal de la libertad y tormentos sufridos por más de 300 víctimas de la última dictadura. Comandó el Pozo de Banfield en la época en que pasaron por allí los estudiantes de la Noche de los Lápices, de los cuales seis están desaparecidos, entre otros cientos. Ese centro clandestino funcionó en la Brigada de Investigaciones de la Policía Bonaerense y fue parte de la red de campos de concentración denominada Circuito Camps. Su detención había sido ordenada por el juez platense Arnaldo Corazza, quien le concedió el arresto domiciliario. Pero el 14 de mayo del año pasado, apenas la Corte bonaerense ordenó que fuera alojado en una cárcel común, se escapó.

El viernes pasado, producto de tareas de Inteligencia que la Gendarmería llevaba adelante y del descuido de alguien cercano a Wolk en una conversación telefónica, lo encontraron en la casa de un hermano en la misma ciudad de Mar del Plata, en la calle Lebensohn 5942, y fue trasladado a una unidad de máxima seguridad en Marcos Paz.

El ex comisario mayor había sido condenado en los años ’80 a 25 años de prisión, pero terminó eximido de castigo por efecto de las leyes de impunidad. En el año 2000 el juez español Baltasar Garzón intentó juzgarlo en Madrid junto con otros 80 represores, pero el gobierno de Fernando de la Rúa no quiso extraditarlo. Cuando fue citado para declarar en los Juicios por la Verdad, fue presentada un acta falsa de defunción suya. Sin embargo, la hermana de Noemí Ungaro, desaparecida del Pozo de Banfield, denunció ante Corazza que estaba vivo y que vivía cerca de la playa, mientras cobraba jubilación de comisario retirado.

El año pasado, cuando se escapó del arresto domiciliario, su hija –también policía– era quien oficiaba como garante del cumplimiento de su detención. La mujer, María Luján Wolk, terminó procesada por el delito de “favorecimiento de la evasión y quebrantamiento” de la prisión de su padre, mientras él permanecía fugitivo.

Este año se conocieron otros casos de represores que, si bien no se escaparon, violaron el arresto domiciliario, lo que llevó a los organismos de derechos humanos a reforzar su reclamo de medidas para que cumplan con la detención.

Uno de esos casos fue el del médico Jorge Luis Magnacco, el capitán de navío que atendía los partos clandestinos en la ESMA, quien se fue caminando desde los tribunales de Comodoro Py junto con su esposa el día de su indagatoria en el megajuicio por los crímenes en ese centro clandestino.

Otro caso fue el del represor Carlos del Señor Hidalgo Garzón, apropiador de Catalina de Sanctis Ovando, a quien ella misma vio andando en bicicleta por Palermo, pese a que tenía prohibición de salir del geriátrico donde estaba internado por supuestos problemas de salud.

El Ministerio de Seguridad elaboró un protocolo específico para rastrear el paradero de represores prófugos y desde 2012 halló una treintena de los sesenta buscados. Ayer se conoció también la detención de Carlos Lafuente, un comandante mayor retirado de Gendarmería que estaba prófugo desde abril de 2011 y está imputado por su participación en crímenes de lesa humanidad en el centro clandestino que funcionaba en la Compañía de Arsenales Miguel de Azcuénaga, en Tucumán.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Causa BASE NAVAL 2

La audiencia de hoy, que tenia que empezar a las 10hs, se retraso por la una descompensaciòn que sufrio la def of. N. Castro, se retoma a las 12:10 con la dra Benavidez, que se encargo de las replicas que habian solicitado.

Luego pasaron a decir sus ultima palabras los imputados Falcke, Racedo, el Prefecto Silva.
Mañana jueves el tribunal se traslada al domicilio del Marino LODIGIANI, p escuchar sus ultimas palabras.

VIERNES 15 - 10hs, daràn sus ULTIMA PALABRAS el resto de los IMPUTADOS. NO ESTA EL HORARIO DEL VEREDICTO, pero seria el mismo dìa!!!

TODOS AL TRIBUNAL A LA ESPERA DEL VEREDCITO!!!!

--OJO, A LAS 11hs està prevista la señalizaciòn del CCD el faro (ESIM)
-cada uno sabrà en que lugar estar-

domingo, 3 de febrero de 2013

Piden preservar el Faro de Mar del Plata, que fue un CCD y E

Un faro para la memoria

El lugar está aún en manos de la Armada y en la dictadura fue asiento de la Escuela de Suboficiales de Marina. Ahora hay un acuario. Los fiscales del juicio por los delitos de lesa humanidad cometidos en esa ciudad consideran “importante que pueda conservarse”.

 Por Alejandra Dandan

El trabajo sobre la memoria intenta modificar sentidos acerca de una de las postales más clásicas de Mar del Plata: la imagen del Faro. Durante la dictadura el predio alojó a la Escuela de Suboficiales de Marina, conocida con la abreviatura de ESIM, y dependía de la Fuerza de Tareas 6 de la Armada. Desde los años de la Conadep, el chalet es denunciado como centro clandestino, dado que se establecieron celdas en un sótano con detenidos. Durante el juicio oral que se lleva adelante ahora en esa ciudad, nuevos testimonios dieron cuenta de que la Sala de Comunicaciones de la escuela también funcionó como espacio de detención de prisioneros. En ese contexto, la fiscalía federal a cargo del juicio está pidiendo “la inmediata preservación del espacio”. El predio todavía está en manos de la Armada, no tiene ningún tipo de señalización y, como si fuera poco, el lugar de las celdas subterráneas está ocupado por el Acuario de la ciudad. Uno de los datos del pedido de los fiscales Guillermo Friele y Mercedes Soiza Reilly es que dirigieron la carta al Instituto de Políticas Públicas en Derechos Humanos del Mercosur, cuyo director es Víctor Abramovich. El Instituto adoptó en septiembre pasado un “protocolo” diseñado como “guía” para las políticas públicas de la región sobre sitios de Memoria (ver aparte). Con copias a Presidencia, la Procuración y las secretarías de Derechos Humanos de la Nación y provincia de Buenos Aires, los fiscales pidieron que “se preserve de inmediato el espacio clandestino de detención y torturas del ESIM, ubicado en las proximidades del emblemático Faro de la ciudad”. Señalan que “aún se mantiene incólume, descuidado por el paso del tiempo (y) preserva los signos del horror”. Indican que la Armada franquea el paso con personal militar apostado en las cercanías pero impide el acceso. Y dijeron que, a diferencia de otros lugares, “las víctimas se acercan a la fiscalía y abrumadas nos relatan que aún no pueden creer que el ESIM no haya sido preservado correctamente. Nos dan como ejemplo que el Acuario de la ciudad hoy ocupa gran parte de lo que fue el centro clandestino reconocido por la Conadep como el Pozo y ubicado también en el predio mencionado”.
La historia

Durante la dictadura, la Marina concibió a Mar del Plata como zona prioritaria para la lucha. En el lugar actuaron la Armada y el Ejército. La primera centralizada en el borde de la costa, sobre la Base Naval. Y el Ejército a metros del aeropuerto de Camet, en la Agrupación de Artillería Antiaérea. La Marina, que estaba organizada por una jefatura cuyo vértice era la Fuerza de Tareas 6 (TF 6), tenía como brazo operativo a la Base Naval y el ESIM. Ambos tuvieron una llamativa red de centros clandestinos. La Base Naval, el Polígono de tiro, la Agrupación Buzos Tácticos, los calabozos, ciertos espacios de la enfermería, las aulas y las carpas ubicadas en la playa, indicaron los fiscales en su alegato. Hubo centros clandestinos en la Prefectura Naval ubicada cerca del puerto y en la Escuela de Suboficiales o ESIM, que mientras actuaba como centro de torturas sirvió para adoctrinar a los infantes de marina con la lógica de una escuela de formación, como en la Escuela Mecánica de la Armada.

Recién con los testimonios del último juicio y la lectura de legajos y documentos de la Marina apareció la arquitectura completa del ESIM: específicamente la fisonomía marcada por la relación entre ese lugar y la Base Naval y la distribución de tareas entre ambos. Físicamente, el ESIM tuvo dos áreas de alojamiento clandestino de personas: la “Sala de comunicaciones” y un espacio subterráneo cercano al mar reconocido como “El Pozo” desde el comienzo de la democracia.

La “Sala de comunicaciones” estaba ubicada a metros del faro y aún conserva las formas de las que hablaron los sobrevivientes durante el juicio: tenía al menos dos salones con pisos de madera. Uno, con baño interno, paredes revestidas por paneles acústicos, mesas y sillas. “Las víctimas dijeron haber permanecido durante horas sentadas ahí, lo que les produjo importantes problemas de infecciones y circulatorios en los miembros inferiores. El lugar se caracterizó por su música estridente, los cautivos eran custodiados las 24 horas y no podían cambiar de posición”, indicaron los alegatos. Algunos sobrevivientes contaron que los fumigaron y los bañaban luego de arrojarles baldes de agua. “El Pozo”, en cambio, estaba cerca del mar. La Conadep hizo una inspección. Encontró el lugar subterráneo frente a un polvorín y disimulado por un médano. Se accedía por unas escaleras y tenía celdas precarias muy “reducidas” en sus dimensiones. Durante el juicio actual, el Tribunal ordenó una inspección ocular en el lugar: ahí encontraron que el espacio subterráneo está ocupado por el Acuario.
El “batallón de alumnos”

Un importante y todavía asombroso dato sobre el espacio surgió durante el último juicio de la mano de la declaración de un ex estudiante de la Marina que ya había declarado en la Conadep. Héctor Grumblat fue convocado como testigo. Hizo sus estudios en 1978 y acercó a la audiencia no sólo su experiencia, sino los relatos posteriores al golpe. Allí confirmó la existencia de detenidos “civiles” a los que “catalogaban de subversivos”. Señaló dos espacios de detención: la “sala de armas” y la “sala de comunicaciones” y dijo que después se construyó una especie de pozo subterráneo con celdas, cerca de la playa. El dato más relevante, sin embargo, llegó después: en la escuela había un “batallón de alumnos” de Infantería de Marina a quienes adoctrinaron en relación con la “Realidad social argentina” en cursos de lucha antisubversiva. Según Grumblat, los profesores “permanentemente bajaban línea sobre el gobierno militar y explicaban por qué los hombres de esa generación habían decidido tomar el poder, afirmando que los que estaban en contra eran ‘elementos subversivos’ a quienes debían combatir”, recordaron los fiscales sobre su testimonio en el alegato. A los alumnos les enseñaron la forma en la que debía proceder un grupo operativo en materia de lucha antisubversiva. Así dijo que existían dos tipos de “patrullas”: las que se clasificaban como a) “‘patrulla fantasma’ donde se salía de civil con armas largas, a secuestrar gente y combatirla, usándolas en zonas urbanas y rurales; y b) la ‘patrulla resorte’, que estaba a disposición de las necesidades de cualquier comando perteneciente a las tres fuerzas, como la Base, la Fuerza Aérea o al GADA 601”.

Las “patrullas fantasma” tenían un oficial, 4 personas vestidas de civil y eran integradas por alumnos recibidos. Las “patrullas resortes” tenían personal del ESIM, concretamente soldados conscriptos, que usaban camionetas marca Dodge con asiento en el medio; con soldados distribuidos espalda con espalda, un conductor y un suboficial con mucha jerarquía, que daba las órdenes. También aseguró que para los operativos se utilizaban vehículos particulares que en general ingresaban de noche. En cuanto a la relación con la Base Naval, indicó que desde allí trasladaban detenidos en botes de goma hasta la ESIM y los dejaban en los “pozos”.
Los responsables

En el juicio actual sólo hay un imputado de la ESIM: se trata de Mario José Osvaldo Forbice, director de la Escuela entre 1976 y 1979. Forbice no reconoció ninguna de sus órdenes, pero admitió en la indagatoria su tarea como director y la existencia del Placintara, clave para entender el programa de represión clandestina de la Marina. Dijo que “existía un plan utilizado para el caso de conmoción interna que era usado en cualquier problema que pudiera necesitar la intervención de las Fuerzas Armadas como por ejemplo, la subversión. Creyó que este plan se llamaba Placintara”.

En función del plan, Forbice tenía el doble rol que quedó probado durante el juicio: por un lado era director de la Escuela y por otro jefe de un grupo de tareas que operaba dentro de la FT6. El dato aparece reflejado en su legajo cuando uno de sus supervisores destacó su desempeño en el período 7/09/76 al 26/12/76 como comandante de un GT y ocasionalmente como comandante de la FT 6.

“Esto nos llevó a reclamar que el espacio sea reconocido como centro clandestino de detención, y como el lugar está intacto, y es un chalet, sería importante que pueda conservarse”, dice Soiza Reilly. “Entendemos que el Faro atrae muchos visitantes y que es una oportunidad para que se conozca qué ocurrió en ese lugar; el lugar puede aportar información valiosa para reconstruir la verdad de lo que pasó y ofrecer una garantía de reparación simbólica para las víctimas, por eso recurrimos al Instituto.”

La sentencia del juicio llamado Base Naval II está prevista para el 15 de febrero.

miércoles, 23 de enero de 2013

Identificaron a un matrimonio asesinado en 1978 en Luna Roja.

Se trata de un veterinario y de su esposa, una docente de nacionalidad española. Habían sido secuestrados tres meses antes por un grupo de tareas. Se cree que estuvieron cautivos en la Base Naval hasta la madrugada en que los mataron junto a otras personas.

El 2 de agosto de 1978 al menos cuatro personas murieron al producirse una explosión cerca del balneario Luna Roja, a la vera de la Ruta 11, entre el Faro y Chapadmalal. La información recogida y difundida por la prensa indicó en aquel entonces que se trataba de “extremistas” que murieron accidentalmente mientras manipulaban explosivos en una parrilla abandonada.
A 34 años del hecho, el Equipo Argentino de Antropología Forense acaba de identificar a dos de las víctimas, cuyos restos estaban enterrados como “NN” en el Cementerio Parque de esta ciudad. Se trata del veterinario y profesor universitario Ricardo Alberto Téllez (34) y de su esposa, la ciudadana española Antonia Margarita Fernández (34), profesora de educación física.

El matrimonio había sido secuestrado por un "grupo de tareas" a principios de mayo de ese año y sufrió casi tres meses de cautiverio, posiblemente en la Base Naval, antes de ser asesinado por su captores mediante la utilización de explosivos.

Otra de las víctimas de Luna Roja había sido identificada el 13 de mayo de 2011 como  Lilia Mabel Venegas (32). Se trataba de una veterinaria que trabajaba con Tellez y cuyo marido, Carlos Alberto Miguel -veterinario y militante de la izquierda peronista- había sido asesinado en 1974 por la Triple A en La Plata.

domingo, 28 de octubre de 2012

Piden prisión perpetua para siete represores de Mar del Plata


El horror de la Base Naval

Por delitos de lesa humanidad, la fiscalía solicitó la máxima pena para Alfredo Arrillaga, Juan Lombardo, Raúl Marino, Roberto Pertusio, Rafael Guiñazú, José Lodigiani y Mario Forbice. Para otros cinco imputados pidió 25 años de prisión.

La fiscalía federal de Mar del Plata solicitó prisión perpetua para siete acusados por crímenes de lesa humanidad ocurridos en la Base Naval II de esa ciudad, 25 años de cárcel para otros cinco imputados y penas menores al resto de los imputados en lo que fue el último de los alegatos de las partes acusatorias en el juicio por delitos de lesa humanidad que se está desarrollando ante el Tribunal Oral Federal de esa ciudad.

Los representantes del Ministerio Público Fiscal pidieron la prisión perpetua para Alfredo Manuel Arrillaga, Juan José Lombardo, Raúl Alberto Marino, Roberto Pertusio, Rafael Alberto Guiñazú, José Omar Lodigiani y Mario José Osvaldo Forbice por los delitos de violaciones a los derechos humanos cometidos contra 69 víctimas durante la última dictadura militar en los centros clandestinos de detención que funcionaron en la Base Naval de Mar del Plata, en la Escuela de Suboficiales de Infantería de Marina y en la sede de la Prefectura Naval Argentina en aquella ciudad. Los pedidos coincidieron con los de la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), las tres querellantes en la causa y que emitieron sus alegatos durante la semana.

Las abogadas Estela Murgier y Yamila Zabala Rodríguez fueron las responsables de realizar parte de los alegatos de la querella de Abuelas de Plaza de Mayo, que compartieron con César Sivo, abogado de la APDH. Sivo habló del alcance de los delitos de lesa humanidad y explicó un organigrama de la Base Naval y mostró en una pantalla fotos de sus instalaciones. Las abogadas de Abuelas, a su turno, reconstruyeron el circuito que caracterizó a las víctimas embarazadas de la Base Naval II.

Las cuatro partes acusatorias también solicitaron penas de 25 años de cárcel a Justo Alberto Ignacio Ortiz, Juan Eduardo Mosqueda, Ariel Macedonio Silva, Julio Cesar Falcke y Angel Narciso Racedo. La diferencia radicó en lo pedido para el ex marino Juan Carlos Guyot, para quien la fiscalía y el organismo provincial de derechos humanos solicitaron cuatro años de encierro, en tanto que la APDH exigió seis y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación requirió que le apliquen 15 años de cárcel.

En esta causa además estaba involucrado Aldo Carlos Máspero, quien fue apartado por cuestiones de salud, mientras que durante la instrucción fallecieron los imputados Juan Carlos Malugani y Pedro Barda. El tribunal –integrado por Alejandro Daniel Esmoris, Jorge Aníbal Michelli y Nelson Javier Jarazo– dispuso que el debate continúe el próximo 14 de noviembre, cuando comienzan los alegatos de los defensores.

De los 69 casos que se investigaron en el juicio, la mitad son mujeres y la mayoría sufrió abusos sexuales. Las partes acusatorias lo calificaron como un juicio de “documentación”, ya que fue un proceso que se fue armando a partir de archivos rescatados de la “burocracia”. A partir de los datos surgidos podrían identificarse cien nuevos represores.

Se trata del segundo juicio que se lleva a cabo por crímenes imprescriptibles cometidos durante la última dictadura en ciudades balnearias. El primero, que obtuvo sentencia hace poco menos de un mes por los hechos sucedidos en los centros clandestinos de detención de Mar del Plata y Necochea conocidos como La Cueva, obtuvieron condenas que los organismos de derechos humanos calificaron de “reprochables”.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Alegato de querellas por los crímenes en la Base Naval de Mar del Plata


“Fueron entregados cual botín de guerra”
Las abogadas de Abuelas de Plaza de Mayo se concentraron en los casos de las víctimas embarazadas de ese centro clandestino, que fueron despojadas de sus hijos luego de dar a luz.

 Por Alejandra Dandan
¿Se puede hablar de mayor o menor crueldad cuando se habla de los centros de exterminio y detención? Existe la tentación de hacerlo ante las mujeres embarazadas, los nacimientos de sus hijos o frente a los niños que pasaron por la experiencia de encierro y tormentos con sus padres. Ese es uno de los escenarios en los que ingresó el alegato de Abuelas de Plaza de Mayo, en Mar del Plata. En el relevamiento de las pruebas sobre el secuestro de un grupo de mujeres embarazadas, de sus compañeros y de los partos, las abogadas se detuvieron a observar a los niños que pasaron por la Base Naval: “Esta incertidumbre respecto de la suerte que pudieran correr los hijos de cualquiera de las víctimas –dijeron– era funcional al aparato represivo y constituía otra forma sádica de infundir el terror”.

Santiago Kraiselburd contó en una audiencia su experiencia de niño. Las abogadas Estela Murgier y Yamila Zabala Rodríguez de Abuelas retomaron parte de su testimonio en el alegato. A Santiago lo subieron al camión en el que también trasladaron a su madre, Patricia Valera. Les taparon las cabezas con bolsas y los llevaron a la Base Naval. Después los llevaron en un auto hasta la ESMA “todavía tabicados con las bolsas”. A Santiago lo reprendieron en el camino porque “con su inocencia de niño, sin medir las consecuencias, intentó sacarse las bolsas para espiar”, dijeron las abogadas. “Fue en la ESMA donde hicieron que se despidiera de su madre, para luego ser abandonado en el Hospital de Niños de Buenos Aires y finalmente concluir su trágico periplo en un orfanato a sus cinco años.”

A las niñas Bonn y Ríos, recordaron, las dejaron en la puerta del Hospital Regional de Mar del Plata. Bonn murió poco después y a Ríos la recuperó su abuela materna. Daniel Mogilner es el hijo de Graciela Arriola: “Fue liberado a su suerte con su hermanita de 4 años cuando el grupo de tareas de la Base Naval los dejó con el portero de la casa”.

La primera parte del alegato la hizo César Sivo, abogado de la APDH. Sivo habló del alcance de los delitos de lesa humanidad y explicó un organigrama de la Base Naval y mostró en una pantalla fotos de sus instalaciones. Las abogadas de Abuelas, a su turno, reconstruyeron el circuito que caracterizó a las víctimas embarazadas de la Base Naval II: trasladadas a dar a luz a la ESMA y luego desaparecidas. “Sufrieron el secuestro, la tortura, el asesinato, fueron constituidos en desaparecidos y les fueron arrancados sus hijos, quienes fueron entregados, cual botín de guerra, a otras familias, las que los apropiaron continuando así con esta práctica sistemática y aberrante”, dijo Murgier.

La sentencia del juicio por el Plan Sistemático de Robo de Niños apareció como telón de fondo del alegato. “Esto demuestra que el interés de la organización represiva por ellas cesaba luego del nacimiento de los niños. Los militares argentinos se quedaron con lo más preciado de sus opositores políticos: su descendencia.”

El alegato recorrió puntos generales de un juicio caracterizado por la enorme producción de prueba documental. Abuelas puntuó algo que una y otra vez apareció en las audiencias como “miedo” no sólo de los detenidos-desaparecidos sino de sus familias: “Usted es muy joven, doctora, usted no sabe cómo nos trataban, el miedo que había”, dijo Anahí Marocchi en una audiencia, como lo recordaron las abogadas.

Hubo una lectura en perspectiva sobre lo que sucedió con otros niños en otros momentos históricos y el contexto del nazismo y el franquismo. Una mención al rol de los padrinos y luego el análisis de los casos. En todas las descripciones, aparecieron las voces sobre la vida de cada quién, sus filiaciones militantes y, dentro del campo, el intento de caracterizar el modo que adquirieron los traslados de Mar del Plata a la ESMA. El primer caso fue el de Susana Haydeé Valor y Omar Alejandro Marocchi. Susana estaba embarazada cuando la secuestraron en 1976. Los dos militaban en Montoneros. Y la reconstrucción del secuestro dio cuenta de las dificultades que tiene aún el sistema judicial para incorporar como víctimas a quienes no fueron vistos por sobrevivientes de los centros clandestinos. La reconstrucción se hizo por vías alternativas: relatos de familiares, una carta del comandante de la Base Naval Juan Carlos Malugani a la familia durante la búsqueda, testimonios escalofriantes de los propietarios de la casa que alquilaban Omar y Susana. Ante la Conadep, contaron cómo después del secuestro el grupo de tareas pasó a robar todo y les dijeron que sus vecinos eran “peligrosos terroristas”. Otros dos procedimientos realizados ese mismo día sirvieron para mostrar que la lógica era la misma: “Los tres procedimientos son idénticos”, dijo Murgier. “Secuestran un día, regresa el mismo grupo operativo para materializar la rapiña y también se hacen del dinero depositado por los locatarios. Es evidente que la fuerza de tareas es la misma y que el destino de todos estos jóvenes estaba decidido: los desaparecerían.”

Otra de las víctimas de aquel grupo fue Susana Pegoraro, secuestrada embarazada, con su padre en Constitución. Recordaron el intento de liberación de su padre. El traslado de ella de la ESMA a la Base Naval y de la Base Naval nuevamente a la ESMA para el nacimiento de su hijo. “Susana había cambiado totalmente”, recordaron durante el alegato. “Llegó (a la ESMA) en un estado lamentable, en su cara se veía todo lo que le habían hecho pasar en esos dos o tres meses en la Base Naval: no hablaba, no reía, no lloraba; lo que había vivido en ese lugar era terrorífico.”

Liliana Carmen Pereyra estaba embarazada de cinco meses. Su recorrido prueba a la vez el tránsito entre la Base Naval y la ESMA: luego de dar a luz volvieron a llevarla a la Base Naval. “Fue asesinada en el paraje Barranca de los Lobos, recibió un disparo de bala de escopeta, efectuado a corta distancia en su cabeza”, dijo Yamila Zabala Rodríguez. “Señores jueces, cada uno de ustedes, como muchas de las personas aquí presentes, a lo largo de la vida, han compartido con una hija, una nieta, una sobrina o algún ser querido, su embarazo y el alumbramiento del bebé”, le dijo al Tribunal. “Pues bien, a Liliana nada de eso se le permitió, nada de eso pudo hacer ni ella ni sus familiares. Dado que fue ilegalmente secuestrada.”

Durante el juicio declaró por primera vez Sebastián Rosenfeld Marcuzzo, el hijo de Patricia Marcuzzo y de Walter Rosenfeld. Patricia fue una de las últimas embarazadas de la ESMA. Yamila leyó durante el alegato la poesía que ella bordó en un pañuelo que tiempo después una de las sobrevivientes logró alcanzarle a su hijo. Luego habló de Laura Godoy, otra de las embarazadas.
 “Señores jueces, es el momento de ustedes, es el desafío de la Justicia, es el momento para dar respuesta a tanta impunidad, a las víctimas, a los familiares y a toda la sociedad, condenando los más aberrantes delitos cometidos por los aquí imputados”.

sábado, 13 de octubre de 2012

El ex fiscal Gustavo Demarchi, jefe de la banda criminal


El exfiscal fue procesado por ser considerado jefe de una asociación ilícita e instigador de seis homicidios calificados y un secuestro en el marco de crímenes de lesa humanidad cometidos durante 1975 y 1976
El juez Santiago Incahusti, que investiga los crímenes cometidos por la Concentración Nacional Universitaria (CNU) cometidos durante 1975 y 1976, procesó este miércoles a Gustavo Demarchi por considerarlo jefe de una asociación ilícita e instigador de seis asesinatos y el secuestro de María Del carmen Maggi. Además le trabó un embargo por 2 millones de pesos.

Inchausti utilizó hasta el último día de plazo que le otorga el procedimiento para llegar a una decisión. Luego de 10 días, ayer les notificó a las partes de la causa 13.793 que investiga los crímenes cometidos por la Concentración Nacional Universitaria (CNU), que dictó el procesamiento con prisión preventiva para el ex fiscal Gustavo Demarchi.

La resolución reza: “por considerarlo jefe u organizador del delito de asociación ilícita, figura que concurre en forma real con el delito de homicidio calificado por el concurso de dos o más partícipes cometidos en perjuicio de Enrique Elizagaray, Guillermo Enrique Videla, Jorge Enrique Videla, Jorge Lisandro Videla y Bernardo Alberto Goldemberg y María del Carmen Maggi -decana de la Facultad de Humanidades secuestrada y asesinada el 9 de mayo de 1975- en concurso real con el delito de privación ilegítima de la libertad agravada por mediar violencia respecto de esta última víctima, en calidad de instigador”.

Demarchi, quien se encuentra alojado en el pabellón de delitos de lesa humanidad del penal de Marcos Paz, recibió la noticia por notificación. Por la distancia, el juez no lo convocó al juzgado.

A lo largo de las 92 páginas de la resolución, el juez Inchausti determinó que Demarchi no sólo integraba la CNU sino que era uno de sus lideres o referentes. Además fue responsable del nombramiento de la mano de obra contratada para los hechos violentos y como fiscal se expidió solicitando el sobreseimiento o archivo de las causas en que aparecía involucrado un miembro del grupo. Por último, el juez consideró que fue Demarchi quien cumplió la función de “instigador o determinador mientras que los otros integrantes de la organización (Eduardo Ullúa, Mario Durquet, Fernando Delgado, Patricio Fernández Rivero, Piero Asaro, Raúl Viglizzo, Raúl Molleón, y los fallecidos José Luis Piatti y Carlos González”, inducidos por un mandato ejecutaron las ordenes.

Por otro lado, el juez consideró que, en base a las constancias recolectadas en la causa, también hay elementos como para que el imputado sea indagado por el crimen de Daniel Gasparri y Jorge Stoppani ocurrido el 25 de abril de 1975. Ambos fueron hallados sobre la avenida Edison, a unos tres kilómetros de Mario Bravo. El cuerpo del primero estaba calcinado dentro de un auto. A pocos metros estaba el segundo que presentaba innumerables impactos de balas.

Demarchi llegó al país el viernes 21 de septiembre proveniente de Colombia, donde intentó refugiarse cuando huyó de la Argentina en noviembre de 2010. Al país cafetero ingresó como turista, se presentó como un “perseguido político” y pidió protección al gobierno de Juan Manuel Santos, quien finalmente le negó el asilo y así aceleró el proceso de extradición.

Demarchi fue asesor legal de la CGT, coordinador docente de la Universidad provincial en la década del '70 y candidato a intendente de General Pueyrredon por el peronismo en las elecciones de 1983. A partir de 1974 fue el primer fiscal federal que tuvo Mar del Plata. Ejerció el cargo hasta el '76. Uno de sus oficiales de Justicia- Eduardo Salvador Ullúa- también integró la CNU y es uno de los acusados en esta causa.

La captura de Demarchi fue producto de una denuncia formulada en junio de 2008 por los jueces del Tribunal Oral Federal de Mar del Plata luego de recibir durante años testimonios en el Juicio por la Verdad.

La causa judicial por los crímenes de la CNU aún cuenta con cuatro prófugos. Se trata de Eduardo Salvador Ullúa -ex ayudante fiscal de Demarchi en la fiscalía federal-, Fernando Federico Delgado, Fernando Otero -quien cumplió condena por el crimen del diputado Ramón Rojas, ocurrido en San Juan en noviembre del 1975-, y Raúl Viglizzo, quien antes de darse a la fuga vivía en Buenos Aires y era docente universitario. Por todos ellos, el Ministerio de Justicia ofrece una recompensa de 100 mil pesos.

El 5x1

Pasadas las dos de la tarde del 20 de marzo de 1975, el abogado Ernesto Piantoni, uno de los líderes de la CNU, muere en la clínica Modelo. Horas antes cuando se dirigía a su casa fue interceptado en la calle Formosa entre Olavarría y Güemes por un Peugeot 504. Una ráfaga de ametralladora lo dejó muy mal herido y no hubo forma de salvarle la vida.

Las primeras noticias hablaron de un ataque por parte de Montoneros pero también se rumoreó una interna entre miembros de la UOM, que tenían muy buena relación con militantes de la CNU.

La madrugada del 21 de marzo, a horas del sepelio de Piantoni un grupo armado conformado por personas de entre 24 y 30 años irrumpió en la vivienda de la calle España 856. La venganza por la muerte del líder de la CNU había comenzado. Se identificaron como policías e hicieron bajar a todos los moradores de la casa.

Enrique “Pacho” Elizagaray era el principal referente de la Juventud Universitaria Peronista (JUP) en Mar del Plata. Cuando el grupo armado irrumpió, Elizagaray pretendió huir por los techos. Algunas de las personas salieron a la terraza y dispararon sus armas automáticas. “Pacho” murió de forma instantánea.

Jorge Enrique Videla Yanzi y sus hijos Jorge Lisandro y Guillermo Enrique fueron subidos a los autos que esperaban en la calle. Los cuerpos de los Videla fueron hallados en el paraje Montemar.Jorge Lisandro tenía 57 heridas de bala, su hermano Guillermo 27 y su padre Jorge Enrique 33.Elizagaray, que quedó muerto en la casa de la calle España, presentaba 23 balazos.

Los jóvenes de saco y corbata que llegaron hasta la casa de la familia Videla habían salido del velatorio de Piantoni: Eduardo Ullúa, Carlos “Flipper” González, Mario Durquet, Fernando Delgado, Patricio Fernández Rivero, José Luis Piatti, Raúl Viglizzo y Raúl Moleon. Según la resolución de Inchausti, la viudad de Piantoni le habría pedido a Demarchi la “cabeza de todos los responsables” y la orden del imputado a los integrantes de la CNU habría sido “arrasar contra todo militante”.

El cirujano Bernardo Goldemberg fue otra de las víctimas de la venganza por la muerte de Piantoni. La misma madrugada del 21 de marzo un grupo de personas jóvenes armados con ametralladoras lo secuestró en su casa de la calle Falucho 3634 en presencia de su esposa. Su cadáver fue hallado en las afueras de Mar del Plata con 42 heridas de bala.

Redacción El Atlántico

martes, 2 de octubre de 2012

Justicia a medias en La Cueva?


No hubo conformidad por el fallo de los jueces. 

Dos de los catorce imputados por los crímenes cometidos en lo que se llamó el circuito represivo Mar del Plata – Necochea fueron absueltos. Sólo seis fueron condenados a prisión perpetúa y el resto recibió “penas bajas” que no dejaron conforme a las partes acusadoras
Siete militares y cinco policías fueron condenados por los crímenes de lesa humanidad cometidos en el circuito represivo Mar del Plata – Necochea durante la última dictadura cívico militar. No obstante, dos de los catorce imputados fueron absueltos.

La decisión del Tribunal Oral Federal 1 chocó de frente contra la expectativa de un fallo condenatorio para los 14 imputados por los crímenes cometidos en la megacausa La Cueva que incluye los centros clandestinos de detención La Cueva -que funcionó en el viejo radar de la Base Aérea-, la actual comisaría cuarta y las dependencias policiales de Necochea: la comisaría primera y el antiguo destacamento de playa Díaz Vélez.

Después de 15 meses de debate oral los jueces Alfredo Ruiz Paz, Lidia Soto, Elvio Osores Soler y Daniel Cisneros condenaron a prisión perpetua al ex general Alfredo Manuel Arrillaga, a los ex coroneles Leandro Edgar Marquiegui, Eduardo Jorge Blanco y Jorge Luis Toccalino. La misma pena recibieron los miembros de la Fuerza Aérea, el ex comodoro Ernesto Alejandro Agustoni y el ex vicecomodoro José Carmen Beccio. Los seis militares son culpables de los delitos de de privación ilegitima de la libertad calificada por mediar violencia; aplicación de tormentos agravados por ser las víctimas perseguidos políticos y homicidios calificados por premeditación de dos o más personas.

Por su parte, el ex coronel Fortunato Valentín Rezett fue condenado a 25 años de prisión por considerarlo coautor de los delitos de privación ilegitima de la libertad agravada por mediar violencia y por la aplicación de tormentos agravada por tratarse de perseguidos políticos.
Lo que se creía un fallo condenatorio ejemplar mutó en un sin fin de interrogantes cuando el tribunal anunció la decisión de absolver a dos de los seis policías imputados y condenar con penas menores a los cuatro restantes.

El ex comisario Ernesto Orosco por el cual la Fiscalía había pedido la pena de 20 años de prisión fue condenado a 12. Lo mismo ocurrió con el ex oficial Héctor Carlos Cerutti que recibió 5 años de prisión a pesar del pedido de una condena de 12 años por parte del fiscal Daniel Adler.

Por su parte el ex comisarío de Necochea Héctor Francisco Biccarelli fue condenado a 7 años de prisión cuando el Ministerio Público había solicitado 15. El ex oficial Mario Larrea fue sentenciado a 5 años -tres menos de lo pedido por Adler- no obstante el tribunal entendió que esa pena ya fue cumplida con los años de cárcel preventiva durante la instrucción de la causa y el desarrollo del juicio por lo que ordenó la inmediata libertad del condenado.

Los ex oficiales Marcelino Blaustein, quien cumplió funciones en la comisaría cuarta donde se alojaban detenidos desaparecidos y su compañero de armas Aldo Sagasti fueron absueltos porque el tribunal entendió que no cometieron ninguno de los delitos que se le imputaron.

Por último, y en contra de lo esperado, los jueces decidieron condenar a 5 años de prisión al ex integrante de la agrupación de ultraderecha Concentración Nacional Universitaria (CNU) Nicolás Caffarello, quien cumplía funciones como integrante del servicio de inteligencia del Ejército. El “Tano Nicola”, así apodado durante aquellos años, estaba imputado por tres casos de secuestro y torturas, de los cuales dos terminaron en homicidio.

El tribunal consideró que Caffarello solo es responsable del secuestro del militante Daniel Nario pero no de su destino final: la tortura y la muerte. Además entendió que no se pudo probar su participación en el secuestro y las torturas al ex secretario general del sindicato de Prensa, Amílcar González y en el crimen del ex militante Jorge Toledo, desaparecido en La Cueva.

No obstante, en la etapa de alegatos, todas las partes acusadoras habían solicitado la prisión perpetúa para Caffarello.

Por último, el tribunal hizo lugar al pedido de las querellas y decidió revocar los arrestos domiciliarios de los condenados a prisión perpetúa ordenando su alojamiento en cárceles federales.

Con una sala de audiencias repleta, el hall de entrada del tribunal oral federal también fue auditorio para que el público escuchara el fallo. La avenida Luro fue cortada al menos un centenar de militantes de distintas agrupaciones políticas y sociales que se reunieron en la puerta del Tribunal.

Así aplausos y gritos de euforia que provenían devinieron en silbidos e insultos con las absoluciones y las bajas penas para los policías. El momento de mayor tensión se produjo cuando el camión del servicio penitenciario salió del interior del tribunal. Un grupo de manifestantes intentó acercarse para insultar a los condenados, pero un cordón policial se los impidió. Se produjeron algunos incidentes cuando un uniformado pateó a una mujer. Hubo empujones, insultos y algunos policías utilizaron gas pimienta contra los manifestantes.

Sin condena

Los juicios por lesa humanidad celebrados en todo el país y después de 30 años de cometidos los hechos presentan una serie de dificultades. Una de ellas es el tiempo transcurrido que hace que muchos de los imputados lleguen a juicio con el último aliento de vida.

En esta causa en particular, que ventiló 85 casos ocurridos en el circuito represivo Mar del Plata – Necochea cinco imputados no llegaron a sentarse en el banquillos de los acusados porque fallecieron durante la etapa de instrucción debido a enfermedades o su avanzada edad. Ellos fueron los coroneles Alberto Pedro Barda y Roberto Atilio Bocalandro, ambos jefes de la subzona militar XV con base operativa en el Gada 601.

También corrieron la misma suerte los policías Manuel Asad –titular de la comisaría cuarta- y Francisco Ríos, quien cumplió funciones en Necochea.

Otro de los imputados que no llegó a la etapa de debate fue el abogado y ex integrante de la CNU, Eduardo Cincotta, quien con el advenimiento del golpe de Estado en marzo del 76 comenzó a colaborar con el Ejército en la represión ilegal.

Por su parte, el oficial de la Aeronáutica Gregorio Rafael Molina murió a causa de un cáncer durante el juicio. En tanto el policía Adriano Arguello y el militar Aldo Carlos Máspero fueron apartados del proceso oral por sufrir afecciones que no le permiten ejercer el derecho de defensa.

Por último, los abogados Fernando Federico Delgado y Eduardo Salvador Ullúa, ex miembros de la CNU, y colaboradores del Ejército permanecen prófugos de la Justicia y tampoco pudieron ser juzgados en este proceso.

Por Federico Desántolo